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Criptococosis felina: una enfermedad de múltiples manifestaciones que exige un diagnóstico diferencial oportuno

Foto del escritor: Osi I
Osi I
13 ago
8 min de lectura

Las enfermedades infecciosas en felinos siguen representando un desafío diagnóstico en la práctica clínica de pequeños animales. No necesariamente porque todas sean difíciles de detectar, sino porque muchas pueden compartir signos con procesos respiratorios, dermatológicos, inflamatorios o neoplásicos.

La criptococosis felina es un buen ejemplo.

Durante una actualización dirigida a médicos veterinarios, la Dra. Maria Fernanda Landivar llamó la atención sobre un problema cotidiano: cuando una enfermedad se parece a otra, el riesgo no es solamente pasarla por alto. También existe la posibilidad de sostener durante demasiado tiempo una hipótesis diagnóstica que no explica completamente lo que ocurre con el paciente.

Por eso, más que afirmar que todos los casos de criptococosis están “subdiagnosticados”, resulta útil plantear un problema más concreto: la enfermedad puede quedar fuera del diagnóstico diferencial, confundirse con otras patologías o reconocerse tardíamente debido a la variedad de formas en que puede presentarse.

Las guías del European Advisory Board on Cat Diseases (ABCD) la describen como una enfermedad rara o esporádica y, al mismo tiempo, como la micosis sistémica más frecuente en gatos.



Una micosis ambiental con diferentes formas de presentación

La criptococosis felina es causada por levaduras pertenecientes principalmente a los complejos Cryptococcus neoformans y Cryptococcus gattii. Se trata de una infección adquirida desde el ambiente y no contagiosa entre gatos. Estos microorganismos están asociados a diferentes sustratos ambientales, entre ellos materia vegetal en descomposición y ambientes contaminados con deyecciones de aves.

La infección ocurre principalmente por inhalación.

En el gato, la cavidad nasal adquiere especial importancia porque suele actuar como puerta de entrada y como sitio primario de infección. A partir de allí, la enfermedad puede permanecer localizada o extenderse hacia otros tejidos.

La forma sinonasal es la presentación más frecuente, pero no es la única.

También pueden observarse manifestaciones:

  • cutáneas y subcutáneas;

  • oculares;

  • neurológicas;

  • ganglionares;

  • pulmonares;

  • y sistémicas o diseminadas.

Esta diversidad ayuda a explicar por qué dos gatos con criptococosis no necesariamente llegan a consulta con el mismo cuadro.


¿Cuándo debería entrar la criptococosis en el diagnóstico diferencial?

La Dra. Maria Fernanda Landivar propone prestar especial atención a pacientes con lesiones nasales persistentes o cuadros cuya evolución no corresponde con la respuesta esperada al tratamiento.

Entre los hallazgos que destacó se encuentran la secreción nasal unilateral o bilateral, los crecimientos o deformaciones de la región nasal, las lesiones cutáneas faciales, el compromiso ocular y los signos neurológicos.

La literatura clínica amplía este espectro.

Las guías ABCD describen en la forma nasal signos como estornudos, descarga nasal crónica, estertores, dificultad respiratoria, aumento de volumen nasofacial, lesiones ulcerativas y linfadenopatía submandibular. También pueden aparecer masas nasofaríngeas capaces de confundirse inicialmente con pólipos o procesos neoplásicos.

Por eso, una deformación del puente nasal puede ser muy sugestiva, pero no debería convertirse por sí sola en un diagnóstico.

El razonamiento sigue siendo diferencial.

Rinitis crónicas, pólipos, procesos inflamatorios, neoplasias nasales y otras enfermedades infecciosas pueden producir cuadros parcialmente superpuestos. La revisión de Trivedi y colaboradores sobre criptococosis felina describe además diferentes herramientas diagnósticas —detección de antígeno, citología, histopatología y cultivo— que permiten avanzar desde la sospecha clínica hacia la confirmación de la enfermedad.


En Latinoamérica, la esporotricosis merece un lugar entre esos diferenciales

Al trasladar este razonamiento al contexto latinoamericano aparece una consideración adicional.

Un gato con nódulos, úlceras o lesiones nasofaciales compatibles con una micosis también puede presentar esporotricosis. En Sudamérica tiene especial relevancia Sporothrix brasiliensis, una de las principales especies responsables de la esporotricosis felina y de brotes zoonóticos en la región.

La diferencia tiene una consecuencia práctica importante.

La criptococosis es una infección adquirida desde el ambiente y no se considera una enfermedad transmitida directamente desde un gato enfermo a una persona. La esporotricosis felina, en cambio, sí representa un riesgo zoonótico significativo a través del contacto con lesiones y secreciones, además de arañazos o mordeduras.

Esto vuelve todavía más importante no interpretar una lesión únicamente por su apariencia.


La citología continúa siendo una herramienta fundamental

Uno de los puntos destacados por la Dra. Maria Fernanda Landivar es el valor de la citología.

En la práctica clínica, su utilidad es evidente: una muestra obtenida de una lesión, masa o secreción puede permitir observar levaduras compatibles con Cryptococcus, caracterizadas por una cápsula prominente alrededor del microorganismo.

Por su rapidez, accesibilidad y capacidad de aportar información directamente desde la lesión, la citología continúa siendo una herramienta diagnóstica de enorme valor.

La evidencia disponible permite complementar este punto con algo importante: el diagnóstico actual no depende necesariamente de una sola herramienta.

Además de la citología pueden utilizarse:

  • detección de antígeno criptocócico;

  • histopatología;

  • cultivo;

  • técnicas moleculares;

  • y estudios de imagen para valorar localización y extensión de la enfermedad.

Cada herramienta aporta información diferente.

Una citología positiva puede ofrecer evidencia morfológica muy valiosa cuando se observan los microorganismos característicos. Sin embargo, una citología negativa no excluye por sí sola la enfermedad.

La histopatología permite evaluar el tejido comprometido. El cultivo y las técnicas moleculares pueden ayudar a identificar el microorganismo. Los estudios de imagen permiten valorar la extensión de las lesiones, aunque no confirman por sí mismos la infección.

Las pruebas antigénicas, por su parte, ocupan un lugar importante tanto en el diagnóstico como en el seguimiento.

Por eso, incorporar otras herramientas no disminuye el valor de la citología: la integra dentro de un abordaje diagnóstico más completo.


No todas las pruebas de antígeno deben interpretarse de la misma manera

Dentro de las pruebas antigénicas también existen diferencias.

La aglutinación de látex para antígeno criptocócico —LCAT— es una técnica ampliamente utilizada y permite obtener títulos que posteriormente pueden resultar útiles durante el seguimiento.

También existen pruebas rápidas inmunocromatográficas de flujo lateral, conocidas como LFA.

En un estudio publicado en Medical Mycology, Krockenberger y colaboradores evaluaron 528 muestras de gatos, perros y koalas comparando LFA con LCAT.

En los gatos, el LFA alcanzó una sensibilidad del 92% y una especificidad del 81%, tomando LCAT como método de referencia. Debido a esa menor especificidad, los autores plantearon al LFA principalmente como una herramienta de tamizaje y recomendaron confirmar mediante LCAT los resultados positivos.

Este punto vuelve a mostrar por qué un resultado de laboratorio tampoco debería interpretarse aislado del paciente.

No se trata entonces de sustituir la citología por una prueba antigénica, sino de entender qué aporta cada herramienta y en qué contexto debe interpretarse.


Tratamiento: la localización de la enfermedad importa

Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento se basa principalmente en antifúngicos sistémicos.

Como señaló la Dra. Maria Fernanda Landivar, fluconazol e itraconazol forman parte de los fármacos utilizados en estos pacientes. La elección depende de la presentación clínica, la extensión de la enfermedad, la respuesta individual y las características del paciente.

La literatura coincide en que las formas localizadas pueden manejarse con azoles, mientras que los pacientes con compromiso del sistema nervioso central, ocular o enfermedad sistémica pueden requerir esquemas más intensivos que incluyan anfotericina B, sola o combinada con otros antifúngicos según el caso.

Esto ayuda a entender por qué hablar simplemente de “tratamiento para criptococosis” puede resultar insuficiente.

No es lo mismo tratar una enfermedad confinada a la región nasofacial que un cuadro con compromiso ocular, neurológico o multiorgánico.

Además, los tratamientos suelen ser prolongados. En determinados pacientes pueden extenderse durante muchos meses y algunos casos requieren terapias todavía más largas.


Cuando existe compromiso del sistema nervioso central

La afectación neurológica cambia considerablemente el manejo del paciente.

La Dra. Maria Fernanda Landivar señala que estos cuadros adquieren un pronóstico más reservado y que pueden requerir anfotericina B junto con medidas destinadas a controlar la respuesta inflamatoria.

Las guías ABCD permiten precisar ese punto.

En algunos gatos con criptococosis cerebral, la condición neurológica puede empeorar poco después de comenzar el tratamiento con anfotericina B, posiblemente debido a una respuesta inflamatoria acompañada de aumento de la presión intracraneal.

En esas circunstancias se ha descrito beneficio con glucocorticoides de acción corta, como dexametasona o prednisolona succinato.

El matiz es clínicamente importante: los glucocorticoides pueden tener un lugar en determinados pacientes neurológicos, pero la decisión forma parte de la evaluación individual y no constituye una regla automática para toda criptococosis con compromiso del sistema nervioso central.


VIF, FeLV y enfermedades concomitantes

Otro aspecto señalado por la Dra. Maria Fernanda Landivar es la necesidad de no mirar solamente una enfermedad.

Un gato puede llegar a consulta con más de un proceso simultáneo. VIF, FeLV, hemoplasmosis y otras enfermedades infecciosas pueden coexistir y modificar la condición general del paciente, la interpretación del cuadro o las posibilidades terapéuticas.

Al mismo tiempo, la evidencia disponible invita a hacer una distinción entre coexistencia y predisposición.

Las guías ABCD señalan que algunos estudios han encontrado una mayor prevalencia o una evolución menos favorable en gatos positivos a VIF o FeLV, mientras otros trabajos no han reproducido esos resultados.

Por ello, actualmente no existe base suficiente para asumir que todo gato con criptococosis desarrolló la enfermedad como consecuencia directa de una retrovirosis.

Esto no resta valor a investigar el estado general del paciente.

Al contrario: complementa el planteamiento de la Dra. Maria Fernanda Landivar de realizar una evaluación integral, pero evita convertir una enfermedad concomitante en explicación automática de otra.


El seguimiento continúa después de la mejoría clínica

La criptococosis puede requerir meses de tratamiento y seguimiento prolongado.

Por eso, una mejoría visible no necesariamente significa que el proceso haya terminado.

Los títulos de antígeno criptocócico mediante LCAT pueden utilizarse durante el seguimiento para valorar la evolución junto con la respuesta clínica. Las guías ABCD consideran que su evolución es una herramienta útil para monitorizar la eficacia del tratamiento.

Habitualmente se busca continuar la terapia hasta obtener un resultado antigénico negativo, aunque las propias guías también describen pacientes clínicamente resueltos cuyos títulos continuaron disminuyendo después de suspender el tratamiento.

Esto vuelve a colocar al resultado de laboratorio dentro del mismo principio que atraviesa todo el manejo de la enfermedad: debe interpretarse junto con el paciente y su evolución.

El seguimiento, por tanto, no debería limitarse a comprobar que desapareció una lesión nasal o que el gato volvió a comer.

Debe evaluar al paciente completo.



Un abordaje integral sigue siendo la idea central

Este punto conecta nuevamente con el mensaje planteado por la Dra. Maria Fernanda Landivar.

Un antifúngico no trata por sí solo todo lo que está ocurriendo en un gato enfermo.

Anorexia, deshidratación, fiebre, alteraciones neurológicas, enfermedad ocular, compromiso nutricional o patologías concomitantes también necesitan ser identificadas y manejadas según el caso.

La literatura actual sobre infecciones fúngicas invasivas en gatos coincide en que el tratamiento debe adaptarse al sitio de infección, la gravedad, el estado general y las características individuales del paciente.

En ese sentido, la criptococosis deja una enseñanza que va más allá de la propia micosis.

No se trata de empezar a sospechar Cryptococcus frente a cualquier estornudo ni de reconocer una lesión y asumir el diagnóstico.

Se trata de mantener suficientemente amplio el razonamiento clínico cuando la evolución no corresponde con la hipótesis inicial.

La citología puede aportar una respuesta rápida.

Las pruebas antigénicas pueden complementar el diagnóstico y ayudar durante el seguimiento.

La histopatología, el cultivo, las técnicas moleculares y la imagen pueden responder preguntas adicionales.

La localización modifica el abordaje terapéutico.

Las enfermedades concomitantes modifican al paciente.

Y la evolución obliga a revisar continuamente si aquello que se pensó al inicio sigue explicando lo que está ocurriendo.

Ese es el hilo que conecta el planteamiento de la Dra. Maria Fernanda Landivar con la evidencia disponible: en medicina felina, identificar al agente es fundamental, pero comprender cómo se presenta la enfermedad, hasta dónde se ha extendido y qué otras condiciones atraviesan al paciente es lo que permite construir un abordaje realmente integral.


Fuentes consultadas

  1. Dra. Maria Fernanda Landivar. Actualización clínica recogida en Criptococosis felina: una enfermedad subdiagnosticada que exige un diagnóstico diferencial oportuno. Revista Mascotas, 2026.

  2. European Advisory Board on Cat Diseases (ABCD). Guideline for Cryptococcosis in Cats. Guía clínica vigente del ABCD, basada en la guía original de Pennisi MG et al., Journal of Feline Medicine and Surgery, 2013, y actualizada posteriormente por el panel.

  3. Barrs VR, Bęczkowski PM, Talbot JJ, et al. Invasive fungal infections and oomycoses in cats: 1. Diagnostic approach. Journal of Feline Medicine and Surgery. 2024;26.

  4. Barrs VR, Hobi S, Wong A, et al. Invasive fungal infections and oomycoses in cats: 2. Antifungal therapy. Journal of Feline Medicine and Surgery. 2024;26.

  5. Krockenberger MB, Marschner C, Martin P, et al. Comparing immunochromatography with latex antigen agglutination testing for the diagnosis of cryptococcosis in cats, dogs and koalas. Medical Mycology. 2020;58(1):39–46.

  6. Trivedi SR, Malik R, Meyer W, Sykes JE. Feline cryptococcosis: impact of current research on clinical management. Journal of Feline Medicine and Surgery. 2011;13:163–172.

  7. European Advisory Board on Cat Diseases (ABCD). Guideline for Sporotrichosis. Utilizada para contextualizar la esporotricosis felina como diagnóstico diferencial y su importancia zoonótica en Latinoamérica.

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